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El facho que soy

Y ya lo repiten cada vez. Y mucho. El facho que soy. Me van convenciendo. En broma o en serio. Viniendo de mis amigos: una broma rancia con su espolvoreada de verdad, unos gramitos. Porque las peleas: la política: decir lo que no quieren escuchar, ser el enemigo: también ser rotulado como «Fujimorista», el colmo. «Ya sabemos que eres derechista» (istas e ismos), y me lo dicen en ese barcito bagre del Centro donde chupamos. Y la censura pasiva: dejar hablar al facho y creerlo inofensivo o imbécil o subestimarlo o no leído o mantequilla. El facho (escribiendo en tercera persona) oyendo a un etnocaserista preguntarle: «¿De qué ala política eres, compañero?» y respondiéndole: «¿De qué ala crees que es un tipo que está vendiendo su libro a cinco soles en la calle (Puente Balta, sobre un río casi seco y maloliente donde a veces, en las orillas, bajan a cagar los vagos y pasteleros)?». Y ya convencido, el sujeto vestido de soldadito, despotricando de Antauro y Ollanta: «Ah, compañero, muy bien. Muy bien» con su palmadita en el hombro. Y ese «compañero» o «camarada», tantas veces repetido, tantas veces oído, ¿cómo se le acomoda a un facho? El facho de ese tiempo, viviendo en un cuartito alquilado lleno de libros piratas, originales viejos, fotocopias con olor a orines, hojas apolilladas; empastando las páginas de su libro, impresas a las afueras de San Marcos; yendo a jirón Puno a comprar papel para las portadas que cortaba en una vieja quinta; encuadernado el papel con dos tablitas que hacían un sánguche del fajo; encolando el lomo con cola sintética (tapada la boca por el asma y la sinusitis) según las indicaciones de la librera de libros piratas; saliendo los sábados a vender ese empastadito a cinco soles en las calles, a veces regalándolo porque hay interés pero no dinero. Eso en otro tiempo. Y ahora ese editorcito facho que va a editando gratuitamente a gente que a veces no tiene los recursos; abriendo espacio para otros; compartiendo los datos que otros no dan porque son difíciles de conseguir y hay recelo; compartiendo porque a él le compartieron unos pocos porque los muchos te pueden dejar esperando en una puerta una hora sin decirte ni mierda y cerrar la puerta y ya; ese editorcito facho que se toma el tiempo de decirle a los novatos cómo es el asunto en este mundito de la escritura, tratando de ponerle los pies sobre el suelo, hablando claro. El facho que trabaja hace más de 16 años en la misma empresa (proyecto universitario del jefe) que se cayó y se levantó, que se fue en picada y volvió a alzar vuelo; que el día que le dijeron que todo se había ido a la mierda dijo hay que recuperarnos, volver a cero; y aceptó que el sueldo se redujera a la mitad o menos de la mitad de lo que ya ganaba y continúo. Es el facho prototipo. El facho que soy. El enemy. Ya me van convenciendo. Ya lo van (en primera o tercera persona).

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Yadir Gomez
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