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Paul Auster, el escritor estadounidense ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Letras (2006), ha muerto hoy, 30 de abril, y este es un breve artículo sobre una de sus obras más íntimas.
«A salto de mata» es una crónica escrita por Paul Auster sobre su propia vida. El título original en inglés, Hand to Mouth, alude a una existencia en la que apenas se tiene lo necesario para subsistir. Aunque no estoy seguro de si la traducción al español captura completamente esta idea, sí refleja, de algún modo, las peripecias de un joven que buscaba organizar su vida de tal suerte que le fuera posible dedicarse a lo que más deseaba: escribir.
Tras la muerte del autor, la obra adquiere una tonalidad conmovedora. Más allá de las anécdotas divertidas y también deprimentes narradas en ella, de los personajes que formaron parte de su experiencia y de sus avatares con el dinero, podemos advertir las consecuencias que tuvieron en su obra —tanto positivas como negativas— las decisiones que Paul Auster tomó en su juventud, así como los esfuerzos incesantes que realizó para mantener viva su vocación literaria, la cual parecía condenada a la extinción.
Algunos episodios en la vida de Paul Auster se asemejan a los de muchos artistas que, con una determinación férrea, rehusaron malgastar su tiempo en actividades que consideraron desviaciones de su verdadero propósito: culminar la obra que sentían latir en su interior, incluso bajo el riesgo de padecer una peligrosa miseria. En nuestro contexto, son legendarios el hambre de Vallejo, la soledad de Martín Adán y la precariedad material que marcó a fuego la vida de Juan Gonzalo Rose, por mencionar solo algunos casos emblemáticos. No obstante, a pesar de las adversidades, las obras de estos autores han perdurado, engrandecidas por su dedicación y sacrificio.
«A salto de mata» puede interpretarse tanto como una advertencia como una guía. Cada individuo, según su grado de confusión o lucidez, elegirá cómo interpretarla. Lo cierto es que esta crónica de Paul Auster se asemeja a una ventana abierta que permite contemplar los rincones más ocultos de su intimidad, y, al final, muestra también cómo logró satisfacer sus deseos artísticos más urgentes sorteando dificultades, dudas e incertidumbres por doquier. Si alguna certeza nos queda, es que su literatura no morirá de hambre.